Nano

La nostalgia me llena.
Con tu ausencia, los recuerdos a tu lado,
resplandecen,
con alegría y en abundancia,
muchos los atesoramos.

Fortaleza y coraje gritó tu último suspiro.
Un encuentro divino presenciamos,
y en casa, unidos, lloramos.

Ordenado y planeado,
fiel esencia de tu ser.
Alinear corazones
tu misión debió ser.

Desde el campo, sabiduría trajiste.
Un bigote y un traje,
anunciaban carácter y bondad.
La disciplina te abrazaba,
gran balance te esperaba.

Ligero al caminar,
fluido al pensar,
claro al hablar.
Con tu alma de empatía,
niños, flores y animales
veían la luz del día.

Una rabia o una alegría,
el sentir te definía.
Hacia afuera un vozarrón,
anunciaba con vigor
que encerrar las emociones,
poco servía.

Aún habita tu olor en la memoria.
En la rutina exacta de tus pasos,
metódico, estructurado,
preciso, disciplinado.
Cada noche, un abrazo
y la bendición cerrando el día.

En la cabecera siempre estabas.
Tu camisa inmaculada,
la comida mesurada,
y yo aprendía día a día,
la dulce medianía.

Olor a cítrico y guadaña,
el tiempo detenían.
Un zurriago en manos tuyas,
del mal nos protegía.
Fiel testigo fui, el control tu lo tenías,
aunque fuera de un canal,
o tal vez del rumbo del día.

Me enseñaste resistencia.
En tu amplio diccionario,
rendirse nunca tuvo espacio.
En tu casa, lo contrario:
uno a uno acogiste,
un refugio oportuno fuiste.

Cuánto vieron 101 años.
Cuántas letras habrán pasado.
A muchos habrían enredado,
el conocimiento solo, no bastó,
en ti, la sabiduría cuajó.

La bondad no era intrusa,
el alma tuya, generosa,
Aprender lo que sabías,
ni la lotería alcanzaría,
un impulso desprendido,
con Dios al frente y nunca en reposo

Hoy tu espíritu nos une.
Con amor entre miradas
se cosecha lo sembrado.
A la familia, tu ser has entregado.

Se insinúa una guitarra, una voz dulce que acompaña,
Anuncian que la espera, no merece otro día.

Agradezco tu vida, tu partida en sincronía.
Tu legado se hace fuerte.
Tu recuerdo, vive aquí en tu cuarto.

Y sobra decirlo:
el esfuerzo no fue en vano.
Nano.

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